O un análisis exhaustivo de algo que crece en mi interior.
Inquietud, calor... ¿Qué es esta sensación? Algo ronda mi interior desde hace ya un tiempo... Una sensación que no soy capaz de explicar, pero que me interrumpe el sueño, me desconcentra de mis deberes, y no me permite pensar con claridad.
Puede que sea amor. Tal vez muy en el fondo de mi sepa que por fin he dado con ella, que la mujer de mis sueños está al alcance de mi mano, y todo mi cuerpo se agite de emoción por el mero hecho de saberlo. Tal vez sea ella la mujer con quien quiero compartir mis sueños, ilusiones y anhelos, con quien mantener interminables conversaciones a la luz de la luna, con quien quiero pasar hasta el último minuto.
O quizás sea el calor de la ira ante la contemplación de mil y un injusticias en la sociedad en la que vivimos. La ciega furia que provoca ver como una mitad del mundo muere mientras que la otra no es capaz de levantar la vista de su propio e hinchado ombligo. Una reacción instintiva ante la destrucción de la naturaleza que nos dio forma, del ecosistema que nos mantiene, y de formas de vida que han contemplado nuestra evolución y decadencia durante miles de años.
Puede que se trate incluso de una creciente inquietud cultural, de una necesidad de aprender que, dia a dia, crece en mi. Prestando un poco de atención a la gente y los medios de comunicación a mi alrededor, pudiendo comprobar que el saber es un valor cada día menos cotizado, en beneficio de elementos banales, puede que surja en mi interior la necesidad de oponerme, de alguna manera, a esa corriente, de hacer acopio de conocimientos para el día en que comiencen los cortes de suministro... Incluso puede deberse a la sensación de desbordamiento provocada por la inmensa cantidad de temas interesantes que hay ante mis ojos, y la aparente escasez de tiempo para abarcarlos.
También cabe la posibilidad de que lo que realmente me sucede es que tenga ganas de salir, correr, gritar, de escapar de la reclusión que me marcan las cuatro paredes de mi cuarto, de mi casa... Huir, llenar mis pulmones del frio y puro aire del invierno, y dejar atrás, de esta manera, cualquier deber o responsabilidad a la que me encuentre ligado. Olvidar quién soy, no llegar a saber dónde estoy... Perderme entre nevados bosques y vivir, aunque sea durante unas horas, en completa felicidad, lejos de toda preocupación.
Y... ¿por qué no? Tal vez en realidad se trate de una pequeña conciencia política que comienza a desarrollarse y a pedir una mayor atención. Una necesidad de expresarse, de ser oído, de convencer con mis ideas y motivos, de barrer de un plumazo toda injusticia, y cambiar todo lo podrido de un sistema exhausto.
O quizás sea el miedo a tener que enfrentarme con lo que esconda para mí la habitación 101...
...
No, espera... solo eran gases.
MasterJ — 27-12-2005 23:40:25
Interloper — 28-12-2005 08:04:25