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Mira, mamá, soy importante

Otro Diente de Engranaje, publicado el 17-07-2005 19:02:46

O como el verdadero esfuerzo se ve discriminado en favor de la estupidez crónica y morbosa.

¿Quién no ha soñado alguna vez con ser famoso? Tener a medio mundo pendiente de nuestros movimientos. De con quién nos acostamos y con quién nos levantamos. ¿Quién no ha soñado alguna vez con obtener reconocimiento a escala mundial? Todos lo hemos deseado alguna vez.

Si lo piensas bien, tampoco es tan dificil... Solo hay que lograr destacar en algún campo, encontrar tu vocación y dedicarte a ello en cuerpo y alma. En el fondo, es lo que te gusta, y seguro que al final la gente se dará cuenta, y reconocerá tu esfuerzo. Ahi está la prueba de ese hombre, Justo Gallego, que ha pasado 39 años de su vida construyendo, con sus propias manos, y sin ayuda de nadie más, sin estudios ni conocimientos de arquitectura, una catedral. Tiene mucho mérito, y finalmente, la gran masa ha tenido noticia de ello, y le aprecia por su impresionante labor.

Pero en el camino, algo se ha torcido. Piensa en los premios Nobel. ¿Qué porcentaje de la población sabe quién se ha llevado el Nobel de física de este año? Hay que ser sinceros... yo reconozco que no lo se. Y sin embargo... ¿Cuánta gente sabe el nombre del último tipo al que se ha calzado Marujita Díaz?

La diferencia es abrumadora.

Y precisamente eso es lo que me preocupa. En algún momento que soy incapaz de concretar, la gente que realmente merece reconocimiento ha pasado a un completo segundo plano en beneficio de personas que no han hecho nada de provecho en su vida, personas que unicamente dan vergüenza ajena y pena, pero a quienes la llamada prensa rosa tienen día a día en la pantalla de la televisión, en la portada de las revistas, en la radio, y en la red. Enhorabuena, amigos, los ídolos de España son una cada día mayor panda de mentecatos que apenas saben hablar, que el único libro que han leido en su vida ha sido... ... ... bueno, digo yo que alguno habrán leido, y cuyas argumentaciones han de incluir, obligatoriamente, diez decibelios más de volumen que las de su interlocutor, y que si no están respaldadas por "puta", "zorra" o "guarra" (en alguna ocasión creo que han llegado a usar la palabra "desgraciado", pero se trata de casos aislados, ya que las palabras de más de seis letras o las frases cuyo predicado tiene en su haber media docena de palabras ya suponen todo un reto cultural para ellos), parecen no ser ciertos.

Pero ya llega un momento en el que no se a quién culpar, si a esa gente, que en fondo, lo único que quiere es tener ese pedacito de fama que todos hemos deseado alguna vez, o a los mal llamados "periodistas" que disfrutan y se relamen ante la idea de una nueva pelea a voz en grito entre Coto Matamoros y EL Arlequín. En el fondo, los primeros son unos pobres tipos a los que no parece importarles perder su dignidad a cambio de ese "reconocimiento", si es que se le puede llamar así, mientras que los segundos, los periodistas, que deberían ser los encargados de favorecer la cultura y el interés por ella entre la gente, se dedican a buscar entre la carroña, logrando así una sociedad borreguil, a la que poco le importa el conocimiento, si pueden tener su ración de Paco Porras diaria.

Investigadores, trabajadores, y demás gente comprometida con el conocimiento merecen, por tanto, doble reconocimiento. Por una parte, el reconocimiento por trabajar y esforzarse en llevar un poco de cordura al mundo, de abrir las puertas del conocimiento, que conducen al bienestar, y por otra parte, de plantar cara a la adversidad que supone la pasividad generalizada por parte tanto de los medios como de la gente. En el fondo, a todos nos gustaría tener nuestra pequeña porción de fama, y siempre resulta duro esforzarse y obtener logros que después quedarán sepultados por el último escandalo sexual de Nuria Bermudez.

Cuánta razón tenía la frase de Groucho Marx... "Encuentro la televisión muy educativa... Cada vez que alguien la enciende, voy a otra habitación y leo un libro". Él si que era un hombre cuerdo...

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Comentarios

  1. Lo que da pena no es eso, lo que da pena es que un mendrugo diciendo que se ha tirado a la tonta del culo de turno gana lo que un profesor con años de trabajo gana en todo el año. Ahí es donde duele. Pero mientras los que sigan dirigiendo los medios de comunicación sólo piensen en la pasta, así iremos...

    untiocualquiera — 18-07-2005 18:33:54

  2. Cuanta razón tienes, pero te equivocas en a quién culpar. El famosillo no tiene ninguna culpa, si yo pudiera vivir del cuento y de salir haciendo el tonto alguna vez en la tele, probablemente también lo haría. Y los periodistas tampoco, solamente hacen su "trabajo", que es para lo que les pagan.
    La culpa es de la gente que lo ve, y compran las revistas, que son los que les pagan la vida a esos famosillos. Si no fuera rentable tener mil programas del corazón en la tele, no los habría.

    MasterJ — 18-07-2005 19:45:57

  3. Viendo los resultados de audiencia de los programas matinales (no llegan a las 2 millones) y a los del mediodía ( rara vez pasan de los 2 millones) no me parecen rentables. Es más, y supongo que no seré el único, estoy por dejar de comprar aquellos productos o servicios que se anuncien utilizando estos programas. Poner a parir al tio/a de al lado si, pero ay dios si hay que legalizar el matrimonio entre PERSONAS homosexuales. Dan asco!

    untiocualquiera — 19-07-2005 23:23:46


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